3.7.07

sus pestañas rodaban en el concreto

se está muriendo de abandono, había dicho entrando en el museo, subiéndose los lentes a presión de la penumbra. su cara era característica de una hippie moderna: la nariz pequeña, los labios descoloridos, las pestañas claras que insistía en resaltar con rimel negro. parecía el anuncio holográmico de gatorade parada allí, en la orilla de la avenida, con la botella de plástico hacia arriba mientras esperaba que cambiara el semáforo. estoy enferma, sentenció volviéndose para mirarme. dio unos pasos atrás y el golpe no sonó seco, sino como si un saco lleno de algo líquido se hubiera reventado en una fracción de segundo. y pensé: se veía tan feliz con su bolsa del conarte, con su libro nuevo de meléndez... así que recogí la compra y crucé la calle. los mirones se amontonaban en torno suyo. eran las cinco de la tarde, paisaje amarillo con botes de basura desbordantes. y pensé: cómo no compré el libro de margarito. y me acordé de ella, tan local; sus pestañas rodaban en el pavimento.

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